Santo Domingo.- «Eliminar la promoción automática en los primeros grados de la educación primaria es no solo viable, sino pedagógicamente imprescindible en el contexto actual de la educación dominicana».
Con esta afirmación, la exministra de Educación, Jacqueline Malagón, coloca en el centro del debate educativo dominicano la necesidad de transformar el sistema de evaluación.
La postura de la exfuncionaria se produce en sintonía con los planteamientos surgidos en el Primer Congreso Pedagógico de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), donde el magisterio aprobó la necesidad de eliminar la promoción automática y establecer criterios más rigurosos que garanticen aprendizajes efectivos antes del avance académico.
La iniciativa forma parte de las conclusiones del Eje 6: “El modelo educativo dominicano y la formación ciudadana”, y apunta a un giro profundo en la forma en que se mide el aprendizaje en las aulas del país.
“Aprender antes de avanzar”
Para Jacqueline Malagón, eliminar la promoción automática en los primeros grados de la educación primaria no solo es viable, sino necesario.
“Se trata de una medida que devuelve el sentido al proceso educativo: aprender antes de avanzar”, dijo al Periódico El Día.
Jacqueline Malagón
La exministra enfatiza que el Primer Ciclo de Primaria, comprendido entre los 6 y 8 años, es determinante en la vida académica del estudiante. En esa etapa, explica, se consolidan habilidades fundamentales como la lectoescritura y el pensamiento lógico.
“Es ahí donde se juega el destino del niño como aprendiz. Cuando un niño aprende a leer y escribir a tiempo, su paso al siguiente grado no es una formalidad: es una conquista. Se siente capaz, seguro, motivado. Se siente como suelo decir un pequeño campeón de la vida”, expresó.
Desde esta perspectiva, permitir que un estudiante avance sin dominar estas competencias básicas no solo es un error pedagógico, sino una decisión que compromete su futuro educativo.

Un modelo en cuestionamiento: la crítica desde las aulas
Durante el congreso, los docentes coincidieron en que el modelo actual de evaluación ha desvirtuado su propósito formativo, al centrarse en la calificación y no en el aprendizaje real de los estudiantes.
“Los docentes expresan que la evaluación centrada en la calificación sobre el aprendizaje, junto con políticas de promoción automática, debilita la exigencia académica y promueve una cultura de conformismo estudiantil”, recoge el documento aprobado por el gremio.
Este señalamiento no es menor. Para la ADP, la combinación entre evaluación tradicional y pase automático ha generado una distorsión en el sistema educativo, donde avanzar de grado no necesariamente implica haber adquirido los conocimientos y habilidades esenciales.
El presidente de la ADP, Eduardo Hidalgo.
El magisterio reconoce, además, que la formación actual de los estudiantes presenta importantes debilidades. Según el documento, la preparación es “parcial e insuficiente”, con carencias en competencias clave como el pensamiento científico, las habilidades digitales reales, la educación financiera y las capacidades socioemocionales.
Este diagnóstico refuerza la urgencia de una reforma que no solo modifique los mecanismos de evaluación, sino que redefina el sentido mismo del aprendizaje en la escuela dominicana.
Una política con intención inclusiva, pero resultados limitados
La exministra también contextualiza el origen de la promoción automática en el país, recordando que fue implementada con el objetivo de reducir la repitencia y evitar prácticas excluyentes en los primeros niveles.
“Fue una decisión inspirada en modelos internacionales observados en su momento, pero trasladada a una realidad social y educativa distinta a la nuestra”, explicó.
Sin embargo, advierte que esa política no tomó en cuenta las particularidades del contexto dominicano, lo que terminó generando efectos no deseados.
“En nuestro caso, esa política terminó debilitando la exigencia académica en una etapa crítica”, afirmó.
A tres décadas de su implementación, tanto el sistema educativo como los propios docentes parecen coincidir en que es momento de revisar ese enfoque.
“Fue una decisión propia de su tiempo, con una intención válida de inclusión, pero cuya aplicación en nuestro contexto evidenció limitaciones que hoy el propio sistema reconoce y corrige”, reflexionó.
Rezago acumulado, el resultado avanzar sin aprender
Uno de los aspectos más preocupantes señalados por Jacqueline Malagón es el impacto acumulativo de la promoción automática en los aprendizajes.
“La promoción automática, aunque tuvo una intención inclusiva, ha contribuido de manera significativa al rezago en los aprendizajes fundamentales, especialmente en lectura, escritura y matemáticas”, afirmó.
El problema, explica, radica en que los vacíos no desaparecen: se arrastran.
“Promover estudiantes sin haber alcanzado los aprendizajes esenciales genera una cadena de vacíos que se extiende a lo largo de toda la trayectoria escolar. El estudiante avanza en grados, pero no en competencias”, subrayó.
Este desfase tiene consecuencias más allá del aula.
“Esto no solo afecta el rendimiento académico, sino también la autoestima, la motivación y, eventualmente, aumenta el riesgo de abandono escolar. Más que evitar la exclusión, lo que hizo fue posponerla”, puntualizó.
Hacia un sistema centrado en competencias
Frente a este panorama, la propuesta de la ADP y la visión de la exministra coinciden en la necesidad de una transformación integral del sistema de evaluación.
Malagón plantea cuatro pilares clave para este cambio:
Evaluación formativa continua.
“Pasar de evaluar para calificar, a evaluar para aprender. La evaluación debe ser un instrumento de retroalimentación permanente”.
Aprendizajes esenciales claramente definidos.
Particularmente en los primeros grados, donde debe precisarse qué significa que un estudiante sabe leer, comprender y resolver problemas.
Apoyo pedagógico temprano.
Identificar a tiempo a los estudiantes con rezagos y ofrecer acompañamiento, tutorías y estrategias diferenciadas.
Responsabilidad compartida.
“El aprendizaje no es solo del estudiante: es del sistema. Involucra al docente, la escuela, la familia y la política pública”.
Para la educadora, este cambio implica más que ajustes técnicos.
“Este cambio no es técnico solamente: es cultural”, advirtió.

El desafío de implementar sin aumentar la repitencia
Uno de los principales retos de esta propuesta es evitar que la eliminación de la promoción automática se traduzca en un aumento de la repitencia escolar.
Sobre este punto, Malagón destacó que: “eliminar la promoción automática no puede traducirse en un aumento de la repitencia. Eso sería un error de implementación”.
En consonancia con lo planteado por la ADP, insiste en que la clave está en prevenir el rezago desde sus primeras manifestaciones.
“La clave está en anticipar el fracaso escolar, no sancionarlo después”, señaló.
Esto implica fortalecer las intervenciones pedagógicas desde el inicio de la escolaridad, garantizar acompañamiento personalizado y dotar a las escuelas de capacidad de respuesta ante las necesidades de los estudiantes.
También resalta el papel de los directores escolares, quienes deben asumir un liderazgo pedagógico centrado en el aprendizaje.
Docentes y recursos
La reforma propuesta coloca en el centro a los docentes, considerados por la exministra como el factor determinante para lograr cambios reales en la calidad educativa.
“No hay cambio en evaluación ni en calidad educativa sin docentes preparados para enseñar de manera distinta”, afirmó.
Entre las acciones necesarias, destaca la formación continua en alfabetización inicial, la capacitación en evaluación por competencias y el uso efectivo de datos educativos como herramientas de mejora.
Asimismo, subraya la importancia de optimizar la inversión en educación.
“No se trata de gastar más, sino de invertir mejor: en aula, en formación docente, en acompañamiento pedagógico”, indicó.
Y concluye con una idea contundente:
“La calidad de un sistema educativo no supera la calidad de sus docentes”.
Aprender con dignidad, es la verdadera inclusión
Jacqueline Malagón insiste en que el debate sobre la promoción automática va más allá de lo técnico o administrativo.
“Eliminar la promoción automática no es un acto administrativo: es una decisión ética”, reiteró.
Para la exministra, el concepto de inclusión debe ser replanteado.
“La verdadera inclusión no es pasar de grado. La verdadera inclusión es aprender con dignidad y avanzar con sentido”, afirmó.
Sostiene que no se trata de promover estudiantes, sino de garantizar que aprendan a tiempo.
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