Por: Magister Yorki Eric Flores
Neiba no es solo tierra de uvas y cultura; es, ante todo, un ecosistema de montaña que sostiene la vida de toda la provincia Bahoruco.
Sin embargo, al observar las alturas de nuestra Sierra de Neiba, el paisaje verde que heredamos de nuestros antepasados está siendo reemplazado por cicatrices de tierra árida y cauces vacíos.
La explotación de nuestros recursos montañosos ha dejado de ser una actividad de subsistencia para convertirse en una emergencia ambiental que no admite más esperas.
La Montaña que se Desvanece
El problema es complejo pero visible. La extracción indiscriminada de arena y áridos, sumada a una agricultura de tumba y quema sin control técnico, está decapitando nuestras montañas.
Cuando removemos la capa vegetal y excavamos las entrañas de la sierra para alimentar la voraz industria de la construcción, no solo estamos extrayendo material; estamos drenando la «esponja» natural que retiene el agua de lluvia.
Las consecuencias ya no son proyecciones científicas, son realidades cotidianas para los Neiberos:
- Ríos que son solo piedras: Arroyos que antes eran permanentes hoy son hilos de agua o cauces secos que solo despiertan con furia destructiva durante las tormentas.
- El fantasma de la erosión: Sin árboles ni estructura, la tierra de la parte alta se desliza, perdiendo fertilidad y sepultando la posibilidad de una agricultura sostenible.
- Sed de futuro: Si la montaña muere, el valle de Neiba queda sentenciado. Sin agua de la sierra, no hay viñedos, no hay agricultura y, eventualmente, no habrá comunidades viables.
El Peso de la Ley y el Silencio de la Conciencia
La Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (64-00) es clara y contundente. Sus artículos 126, 156 y 175 no son meras sugerencias; son mandatos que prohíben la destrucción de las cabeceras de los ríos y la explotación minera descontrolada. Sin embargo, la ley parece detenerse al pie de la montaña.
La falta de fiscalización y, en ocasiones, la complicidad del silencio, permiten que camiones cargados de nuestro patrimonio natural sigan bajando de la sierra mientras el futuro de nuestros hijos sube en humo y polvo.
Una Reflexión Necesaria No se trata de estar «en contra del progreso».
Se trata de entender que no hay progreso posible sobre una tierra muerta. Explotar la montaña para obtener un beneficio económico inmediato es, literalmente, «pan para hoy y sed para mañana».
Neiba necesita un despertar colectivo.
Necesitamos que las autoridades ambientales asuman su rol con firmeza, pero también que la sociedad civil, las asociaciones de agricultores y cada ciudadano entiendan que la Sierra de Neiba es nuestro mayor activo.
Cuidar la parte alta no es un lujo ecologista; es un acto de supervivencia. Es hora de que el grito de la sierra sea escuchado en las oficinas de la capital y en las calles de nuestro municipio. Si no protegemos la montaña hoy, mañana solo nos quedará el recuerdo de lo que alguna vez fue un paraíso.


