Desde el firme de la Sierra de Neiba, el paisaje no es solo geografía; es una denuncia silenciosa.

Por ​Augusto Gómez Rivas.- En este punto exacto, donde la provincia Bahoruco se asoma al Distrito Municipal de Batista en El Cercado, la tierra ya ha sido cedida por la montaña.

La trocha está ahí, visible, palpable, esperando el asfalto que convierta 11 kilómetros de polvo en un corredor de progreso.

​No se trata de una promesa aérea. La viabilidad de este tramo entre El Aguacate y Batista descansa en los archivos del Ministerio de Hacienda y el de Economía, cuyos estudios socioeconómicos validan lo que el sentido común dicta: la interconexión de las regiones Enriquillo y El Valle es la clave del renacimiento del Sur.

​La anatomía del progreso
​Hoy, el trayecto es un desafío para motocicletas y vehículos todoterreno. Sin embargo, su consolidación definitiva articularía un tejido productivo sin precedentes.

​Hablamos de un eje que permitiría al aguacate de Derrumbadero y el valle de San Juan encontrarse con los viñedos de Neyba y el café de la Cuenca de Panzo en una fracción del tiempo actual.

El impacto no se detiene en las cabeceras; comunidades como Los Canes, Cerro en Medio, Juan Santiago y Hondo Valle dejarían de ser periferia para convertirse en protagonistas de un nuevo circuito comercial.

​Un reclamo que nace de la cumbre
​La movilización de los miradores y líderes comunitarios de ambas provincias no es fortuita.

Han logrado que el Estado comience a mirar hacia la cumbre, pero la presión mediática debe ser total.

Esta vía es, por definición, imprescindible.
​La infraestructura está a medio talle.

La trocha, esa herida abierta en la sierra, es la prueba de que el camino ya ha sido trazado por la necesidad.

Los beneficios —desde el acceso a salud de emergencia hasta el abaratamiento de la canasta básica regional— son inmensos frente a una inversión de apenas once mil metros.

​Si el Sur asume esta causa con la misma firmeza que sus montañas, la carretera Batista-El Aguacate dejará de ser un proyecto en papel para convertirse en la espina dorsal del desarrollo regional.

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