Compartir

Edwin J. Acosta S.

La denominada Semana Santa es una de las conmemoraciones de mayor trascendencia en el catolicismo. Evocada anualmente por el mundo católico, el origen de esas celebraciones se remonta a la iglesia cristiana primitiva.El  propósito de esas acciones es la de conmemorar la pasión y muerte de Jesús, el Cristo; y como tales acciones, su oficialidad se advierte en el Concilio de Nicea, efectuado en el año 325 después de Cristo. La historiadora española Isabel Mira Ortiz, en su tesis doctoral de la Universidad de Murcia, Facultad de Letras, señala que a partir del referido concilio, “quedó fijado que la Pascua de Resurrección se celebrara el domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera”. La referida historiadora también señala que a nivel litúrgico, respecto al orden y forma en que se llevaban a cabo las conmemoraciones, en esa época la iglesia católica conmemoraba los hechos de la Pasión, solo a nivel popular. (Cfr. Isabel Mira Ortiz. “Semana Santa y textos literarios de la Pasión en la región de Murcia”, tesis para la obtención del grado de doctor de la Universidad de Murcia, Murcia, 2006, Pág. 136).-

Mira Ortiz asegura que en Europa, hasta finales de la “Baja Edad Media”, la denominada Pasión de Cristo era de escasa presencia en actos culturales seglares. Eso concuerda con lo afirmado por el escritor español Rafael Ortega Sagrista, quien señala a Sevilla como la primera ciudad andaluza donde se fundaron cofradías dedicadas claramente a conmemorar la pasión y muerte del Cristo. Ortega Sagrista asegura que fue para el año 1448, en el convento de San Francisco, en Sevilla, donde se “celebraba su procesión en la tarde del Jueves Santo y era llamada de sangre porque introdujo la disciplina pública”. (Cfr. Rafael Ortega Sagrista. “Historia de las Cofradías de Pasión y de sus procesiones de Semana Santa en la ciudad de Jaén. (Siglos XVI al XX)”, Pág. 14).-

Pero esas antiguas celebraciones de Semana Santa no incluían procesiones. El propio Ortega Sagrista señala que de las crónicas de don Miguel Lucas de Iranzo, se observa que en aquellos años del siglo XV, específicamente de 1458 a 1471, “la Semana Santa se celebraba sólo en el interior de las iglesias, ya que no se hace la menor alusión a procesiones”. Posteriormente, se incluyeron las procesiones, sin embargo,no tuvieron reglas aprobadas por las autoridades eclesiásticassino hasta el siglo XVI. (Ibíd.).-

La historiadora española Verónica Gijón Jiménez asegura que después del surgimiento de la primera cofradía relacionada a Semana Santa fundada en Sevilla en el año 1448, aparecieron otras y a partir de entonces se fueron extendiendo por el resto de España, provocando “un aumento del culto de la Pasión de Cristo”. Señala esa escritora que en Toledo, en el año 1480, apareció una cofradía de la misma advocación a la Semana Santa; para el año 1498 en Valladolid ya se hacía penitencia alusiva a la Pasión de Cristo; en Salamanca se advierte documentación al respecto para el año 1506; la cofradía de Madrid fue fundada a finales del siglo XV. (Cfr. Verónica Gijón Jiménez. “Una mirada sobre la Semana Santa en España a través de los viajeros extranjeros de la Edad Moderna”, Universidad de Castilla La Mancha, Pág. 177).-

Aunque Gijón Jiménez sugiere que en Castilla pudo haber aparecido cofradía alegórica a Semana Santa para el mismo tiempo del surgimiento de la primera en Sevilla en el año 1448, da por cierto sin embargo, que “la fundación de las cofradías de la Vera Cruz en Castilla comenzó a finales del siglo XV”.

CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA EN LA ISLA SANTO DOMINGO.

Dado que el reino de Castilla fue el patrocinador de los viajes de Cristóbal Colón, el derecho y las instituciones que llegaron al denominado “Nuevo Mundo” fueron en principio, exclusivamente, los castellanos. (Cfr. Wenceslao Vega B. “Historia del Derecho Dominicano”, Editora Amigos del Hogar, Santo Domingo, 2001, Págs. 3-4).-La empresa de la conquista de América también suponía evangelizarla o, mejor dicho, catolizarla. En ese sentido, y dado que en Castilla como en otros lugares de la península ibérica, al momento de producirse el llamado “descubrimiento” ya se habían establecido cofradías alusivas a Semana Santa; esas manifestaciones no tardaron en llegar a Las Indias.

En la isla Santo Domingo, lugar donde los conquistadores iniciaron la “catolización” del “Nuevo Mundo”, las manifestaciones religiosas alusivas a la denominada Semana Santa, se advierten durante la segunda década del Siglo XVI. El escritor Miguel D. Mena afirma que para el año 1514 en Santo Domingo ya se observa “el incipiente desarrollo de las procesiones de Semana Santa” y otras fiestas católicas.Sin embargo, la documentación más antigua que conocemos alusiva a la Semana Santa en la isla Santo Domingo, se advierte para el 8 de abril de 1517, en las crónicas de Gonzalo Fernández de Oviedo, quien respecto al gobierno de los padres jerónimos escribió lo siguiente:

(…) el licenciado Alonso Zuazo, el cual, estando ya acá los padres hierónimos, llegó a esta cibdad desde a poco tiempo, en el siguiente año de mill e quinientos e diez e siete años, a ocho de abril, miercoles de la Semana Sancta. Al tiempo que los religiosos llegaron, como en aquel tiempo la muerte del Rey Católico era reciente.” (Cfr. Gonzalo Fernández de Oviedo. “Historia General y Natural de Las Indias”, Libro IV, Capitulo II; transcrito en Oviedo. Las Casas. “Crónicas Escogidas”, Ediciones de la Fundación Corripio Inc., Santo Domingo, 1988, Pág. 115).-

Pero las primeras celebraciones de Semana Santa en Santo Domingo no incluían procesiones penitenciales. Al respecto, Ortega Sagriste señala que no fue sino hasta mediados del siglo XVI en que “varias hermandades muy antiguas se transformaron en cofradías de penitencia que hacían, desde entonces, estación durante la Semana Santa”.De lo cual se colige que tales procesiones, con esas características, no tuvieron manifestación en la isla Santo Domingo, sino hasta tiempos después.

Las celebraciones de Semana Santa en Santo Domingo debieron ser, en sus inicios, similares a las celebradas en la metrópolis para esa misma época. Al respecto, los estatutos de la Santa Capilla de San Andrés, del año 1512, en su Tratado III, Cap. VIII, disponían que los cofrades debían hacer “procesión el Jueves Santo de la Cena en la noche después de acabadas las tinieblas”;los clérigos, debían llevar delante undevoto crucifijo, cantando letanías y otras devociones de la Pasión del Señor, y debían visitar la catedral y otras iglesias principalesde la ciudad. (Citado en Ortega Sagrista. “Historia de las Cofradías de Pasión…”, Op. Cit.,Pág. 14).-Asimismo, El historiador español Joaquín Rodríguez Mateos, nos dice que para la época aludida, durante la procesión de la Pasión de Cristo, los hombres llevaban cubierta la cabeza y las espaldas al descubierto eran golpeadas con fuetes con puntas de púas. (Cfr. Cfr. Joaquín Rodríguez Mateos. “Tiempo de penitencia, tiempo para la sangre”, Madrid, 1998, Pág. 90).-

En ese mismo orden, el historiador español Juan G. Atienza señala, que el Jueves Santos, al obscurecer, se llevaba a cabo la procesión de los “disciplinantes”, que era una de las celebraciones más populares dentro de la Cuaresma castellana y andaluza. (Cfr. Juan G. Atienza. “La España mágica de la A a la Z. Fiestas Populares e insólitas”, Ediciones Martínez Roca S.A., Barcelona, 1994, Pág. 23).-En la isla Santo Domingo, la relevancia de las congregaciones y procesiones del Jueves Santos, se advierte en una carta fechada 23 de abril del año 1568, suscrita en La Yaguana por el licenciado Santiago, en donde señala que por Semana Santa sucedió esto que estando toda la gente del pueblo y del campo congregada para oír las oras y oficios divinos el Jueves Santo de madrugada debajo de confederación”. (Transcrita en Genaro Rodríguez Morel. “Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo (1547-1575)”, Ediciones del Archivo General de la Nación (Vol. CXLIX), Santo Domingo, 2011, Págs. 267-269).-

En Santo Domingo, ya para el año 1532 la fecha de Semana Santa era altamente conocida. Eso se colige de una carta enviada por el licenciado Lavadillo, el 1 de mayo de ese año, dirigida a la “Sacra, católica cesárea majestad”, en donde señala “como lo supo en la Semana Santa quiso descomulgar a los alcaldes y regidores y testigos y pasó tal escándalo cuesta ciudad”. (Transcrita en Genaro Rodríguez Morel. “Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo (1530-1546)”, Ediciones del Archivo General de la Nación (Vol. XLIV) y Academia Dominicana de la Historia (Vol. LXXXI), Santo Domingo, 2007, Págs. 73-77).-

Una licencia del arzobispo de Santo Domingo, Fernando de Carvajal, de fecha 26 de febrero del año 1691, da cuenta que para esa fecha las procesiones de Semana Santa, al menos en el área capitalina, salían por la noche “a la hora y forma que se hacían antes, por estar informados que dichas procesiones salían con mucha reverencia, devoción y edificación de los fieles, de cuya limosna reportaban también grande utilidad las cofradías para el aumento de ellas y servicio del culto divino”. (Cfr. Manuel Vicente Hernández González. “El sur dominicano (1680-1795). Cambios sociales y transformaciones económicas”, Ediciones del Archivo General de la Nación (Vol. LXV), Santo Domingo, 2008, Pág. 469).-

CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA EN EL VALLE DE NEIBA.

En la zona de Neiba, desde muy temprano se manifestaron devociones religiosas. Incluso antes de la fundación del pueblo Neiba, efectuada en el año 1735, los pobladores asentados en los hatos que habían sido fundados durante los primeros años del siglo XVIII en el valle del mismo nombre, se trasladaban a la villa de Azua a celebrar fiestas católicas. El 4 de febrero del año 1730 el entonces “maestre de campo”, Manuel Caravallo, remitió una carta al “señor presidente governador y capitán general” de Santo Domingo, y al dar cuenta de lo acaecido por las monterías de Tierra Nueva y La Florida, en el Valle de Neiba, respecto a conflictos territoriales con los franceses, escribió lo siguiente:

“(…)Como haviendo llegado a esta Villa (de Azua, E.J.A.S.)la gente del Valle de Neyba a celebrar la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora se interrumpió vna voz que los franceses estaban entrando en los paraxes donde les havian requerido, salieran.” (Cfr. “Franceses en el Valle de Neyba. Lo acaecido en las monterías de Tierra Nueva y La Florida de Neyba. 1730”,  ´Archivo General de Indias´, Santo Domingo, Leg. 304; en “Entrada de franceses por el Valle de Neiba”, ´Archivo General de la Nación´, Leg. 1702465, caja 54, Leg. 65, Años 1730, Exp. 2-bis, Doc. 1).-

Si bien el texto transcrito anteriormente no hace referencia a las celebraciones de Semana Santa, sí deja establecido no obstante, la vinculación de los vecinos del Valle de Neiba con sus fiestas religiosas.Para el año 1740, el arzobispo de Santo Domingo, Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, en su visita pastoral recogida en una carta “Compendiosa” del mes de abril de ese año, da cuenta de la existencia de la ermita San Bartolomé en el poblado de Neiba. Veamos:

(…)el valle de Neyva, (…) en el se halla una hermita dedicada a san Bartolome en la que tengo puesto un frayle para que administre los sacramentos por la misma razon que en la antecedente (de San Juan de la Maguana, E.J.A.S.), necesitase de un curato sobre lo que hare consulta separada a V. M.”. (Transcrito en Emilio Rodríguez Demorizi. “Relaciones Históricas de Santo Domingo”, Vol. III, Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1957, Pág. 265).-

La ermita dedicada a San Bartolomé se erigió en el año 1735 alrededor de la cual se fundó el poblado, confirmándose su existencia para el año 1740, a raíz de la referida visita pastoral de Álvarez de Abreu.

El 24 de mayo de 1740, el referido arzobispo ciertamente solicitó al Rey, al igualque hizo con San Juan de la Maguana y Dajabón, la constitución de un curato en el Valle de Neiba. El historiador español Manuel Vicente Hernández González, estima que aunque al respecto no se conoce la decisión de la Corona española, igual como sucede con San Juan, ha de entenderse que el curato del Valle de Neiba debió erigirse de forma similar a lo acontecido con el curato de Dajabón. En ese último lugar se había erigido primero una ayuda de parroquia, nombrándose un teniente de cura, la cual fue suprimida verbalmente en el año 1744 por sede episcopal, restableciéndose en 1748 a raíz de una visita pastoral del prelado Padilla y Guardiola. (Cfr. Hernández González. “La Colonización de la Frontera…”, Op. Cit., Págs. 100-106 y 257).-En la visita pastoral a Neiba del año 1760, efectuada esta vez por el canónigo Vicente Pinazo, se da cuenta de la indudable existencia del “curato del Valle de Neiba”; siendo su párroco Francisco González y su mayordomo de fábrica Manuel Marmolejo. (Ibíd. Pág. 257).-

No conocemos documentación que nos indique manifestaciones alusivas a Semana Santa en el Valle de Neiba para la época aludida. Aunque pudiera entenderse que por ser tales conmemoracionesde las más universales e importantes de la iglesia católica, y al erigirse ermita y luego curato en la zona de Neiba, las cofradías o procesiones de Semana Santa debieron manifestarse en ese lugar; no podemos sin embargo, asegurar tal cosa. De hecho, la documentación que al respecto conocemos, sugiere lo contrario.

Cuando el canónigo Vicente Pinazo realizó la referida visita pastoral a Neiba en 1760, refirió que en la parroquia existían, únicamente, la “cofradía del patrono del Valle”, en alusión a San Bartolomé;y las hermandades del Espíritu Santo, Rosario y Ánimas, las cuales con la finalidad de aumentar su culto se habían constituido también en cofradías.Sin hacer mención alguna a las procesiones o cofradías alusivas a Semana Santa.(Cfr.´Archivo General de Indias´, Santo Domingo 974, “Visita pastoral de Neiba de 11 de marzo de 1760”; citado en Hernández González. “La Colonización de la Frontera…”, Op. Cit., Págs. 257-258).- Asimismo, cuando en el año 1740 el arzobispo Álvarez de Abreu visitó Neiba, se quejó de la escasa participación de sus vecinos en las actividades sacra ytampoco se hace mención a Semana Santa, señalando únicamente que “es tan grave la necesidad que éstos padecen en la participación de los santos sacramentos, que excede a la mayor ponderación.” (Cfr.´Archivo General de Indias´, Santo Domingo 317, “Solicitud por el Arzobispo de un curato para Neiba. 24 de mayo de 1740”; citado en Hernández González. “La Colonización de la Frontera…”, Op. Cit., Pág. 257).-

De otro lado, en otros pueblos fronterizos donde se erigieron curatos para la época referida, sí se tiene constancia de tales celebraciones. En Dajabón para la década de 1760 se refiere que la parroquia de ese lugar poseía, entre otras cosas, “un crucifijo grande para las procesiones de Semana Santa”. (Cfr.´Archivo General de Indias´, Santo Domingo 979, “Inventario de Fray Simón Ximénez, teniente de cura de 20 de noviembre de 1766 a pedimento ´de los principales sujetos de este vecindario´”; citado en Hernández González. “La Colonización de la Frontera…”, Op. Cit., Pág. 110).-En San Miguel, para la década de 1790, se da referencia de la celebración de “Semana Santa y otras fiestas de primera solemnidad”, que se hacían con la mayor pomposidad. (Cfr.´Archivo General Militar de Segovia´, Expedientes personales. José Guzmán, Barón de la Atalaya; citado en Hernández González. “La Colonización de la Frontera…”, Op. Cit., Pág. 210).-En Hincha, para el año 1783, el cabildo se quejaba que desde el año 1761 los moradores echaban de menos “al maestro de escuela y al capellán de la Señora Santa Ana, y asimismo al de los oratorios que, por la fundación, tiene la carga de ayudar a confesar y concurrir los días solemnes y de Semana Santa a esta parroquia”. (Cfr.´Archivo General de Indias´, Santo Domingo 988, “Informe del Cabildo de Hincha de diez de septiembre de 1783”; citado en Hernández González. “La Colonización de la Frontera…”, Op. Cit., Pág. 187).-

Aunque pudiera colegirse, de una interpretación analógica, que en Neiba debieron manifestarse acciones alusivas a la celebración de Semana Santa, aun sin hacerse mención de ellas, tal y como ocurrieron en otras parroquias fronterizas y como es habitual en las poblaciones de costumbres católicas; no podemos sin embargo, corroborarlo; al menos hasta no contactar la documentación que indique tal cosa.

El documento más antiguo, que conocemos, respecto a las celebraciones de Semana Santa en Neiba, data del año 1857. Pero esas celebraciones debieron realizarse antes, pues ya en ese año tales manifestaciones eran todo un acontecimiento en la común.En efecto, el 26 de abril de 1857, el sacerdote Fernando Arturo de Meriño escribió desde Neiba una carta dirigida a los HH. Pina Benítez, en San Carlos, donde expresa lo siguiente:

(…)Sale el Comandante de Armas para Cambronal(hoy Galván, E.J.A.S.) a los gallos.- Muy lucida estuvo la Semana Santa en este pueblo: más de tres mil almas podían contarse en el concurso. De todas edades y sexos se veían. La Iglesia fue insuficiente para contener ni la cuarta parte; la plaza estaba cubierta de gente. Se hicieron todas las funciones de Iglesia; todas las ceremonias”. (Cfr.“Carta del P. Meriño a los HH. Pina Benítez, en San Carlos, enviándoles un avance de su periódico (Neyba, 26 abril 1857)”; transcrito en José Luis Sáez, S. J.(compilador). “Documentos inéditos de Fernando A. de Meriño”, Ediciones del Archivo General de la Nación Vol. XXVIII, Santo Domingo, 2007, Págs. 69-72).-

En el Valle de Neiba, durante la segunda mitad del Siglo XIX, ya las festividades religiosas y los cultosformaban parte de la cotidianeidad y la vida social de los municipios. Durante ese tiempo la Semana Santa era celosamente llevada prácticamente por toda la población y era una de las conmemoraciones más importante. Tal situación queda evidenciada en las comunes de Barahona y Neiba, recogida en un viaje de reconocimiento de la zona que hiciera en 1882 el viajero inglés James Wells, quien se quejaba de haber llegado a Barahona en Semana Santa y no recibir colaboración de los habitantes por esa circunstancia, debiendo incluso Wells firmar un documento en el cual se responsabilizaba de los eventuales pecados de los vecinos por cooperar con él durante la conmemoración. Wells al respecto escribió lo siguiente:

“Desgraciadamente, desembarqué en Barahona durante la Semana Santa, cuando se prohíbe todo tipo de trabajo; y mis requerimientos de una cuadrillade caballos fueron recibidos, al principio, con una negativa constante de parte de los habitantes, ya que pondrían sus almas en peligro al equiparme con animales para un viaje en ese tiempo. Con cierta dificultad eventualmente superé sus objeciones al escribir un documento donde me responsabilizaba de sus pecados por ellos equiparme con caballos durante esa ocasión, y de esa manera pude salir al día siguiente”.

“(…) El Viernes Santo fue el día de mi llegada (a Neiba, E.J.A.S.), y fue realmente increíble observar la multitud de gente que alegremente vestida y de manera ordenada llenó las calle y rodeó la iglesia repleta de devotos. Al igual que la en la mayoría de los países católicos, las campanas de la iglesia se mantuvieron ese día en silencio.” (Cfr. James Wells. “Viaje de reconocimiento a Santo Domingo, Antillas Occidentales”; transcrito en Bernardo Bega y Emilio Cordero Michel. “Asuntos dominicanos en archivos ingleses”, Ediciones de la Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1993, Pág. 66).-

La escritora neibera Elixiva María Vásquez de Díaz, sin citar su fuente y sin indicar el tiempo, en lo que respecta a la celebración de Semana Santa en la ciudad de Neiba, señala lo siguiente:

(…) Neyba, iniciaba su período de recogimiento desde el Miércoles de Ceniza con el comienzo de la cuaresma, período en que se suspendía toda actividad bailable, entregándose las mayorías al retiro espiritual y la oración. / (…). Desde el Jueves Santo, era de rigor impedir toda clase de ruido y hasta los quehaceres domésticos había que realizarlos con exhaustiva discresión(sic).

(…)Una quietud de duelo reflejaba la iglesia; cubiertas las imágenes de santos con paños morados, se oficiaba la misa en orden./ (…)Una solemne procesión dentro de la iglesia trasladaba la custodia con la Sagrada Eucaristía bajo un lujoso palio hasta el Monumento, donde permanecería el Jueves y Viernes Santos, para su adoración.

(…)En estos días era imprescindible la abstinencia de comer carne y el ayuno.”(Cfr. Elixiva María Vásquez de Díaz. “Antiguallas de Neyba”, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, 1977, Págs. 55-57).-

Una información más certera, aunque con una visión regional, nos ofrece Welnel Féliz, quien toma como base de su información a Wells y a documentos relativos a la sesión del ayuntamiento de Barahona, de fecha 18 de marzo de 1897. Féliz asegura que al menos durante el último cuarto del siglo XIX, desde el denominado Domingo de Ramos “la población se recogía, se imponía una abstracción absoluta al trabajo, se evitaba hablar en voz alta, cantar, tocar cualquier instrumento musical y se prohibía todo tipo de fiestas, también la gente evitaba majar en pilones, machetear, hachear y montar caballos; las ventas en el mercado se impedían y los comercios cerraban sus puertas al igual que las escuelas y las oficinas públicas. Asimismo, la gente se abstenía de comer carnes y de sostener relaciones maritales.”

El Viernes Santo, continúa diciendo Féliz, las prohibiciones se extremaban en su totalidad. “Ese día no se cocinaba y la gente asistía a la misa casi en masa, sin tocar las campanas de la iglesia”. Todo indica que las fiestas continuaban el sábado.Durante el período de las celebracionestanto el cura, como las autoridades y la población se preocupaban por los preparativos, porque la iglesia estuviese limpia y arreglada, “el pueblo desyerbado y adecuadas la plaza de armas y la de la iglesia”, y el cementerio. (Cfr.Welnel Darío Féliz. “Historia de Barahona 1801-1900”, Editora Nacional, Santo Domingo, 2011, Págs. 267-269).-

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

uno × 5 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.